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Flujo de capacidades productivas

Escribe para Cadena Nueve, jorge Suevus

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Dos ciclos políticos diferentes en un mismo ciclo económico, definen un contexto que no es notorio si no se lo aborda con precisión.

El sistema hídrico pone sobre relieve lo que ocurre con el sistema económico.
Los actores políticos no advierten que, desde el mismo ciclo político fenecido, evalan un ciclo económico que cambió para siempre el ciclo político.

El caudal de agua (como flujo) destruye capacidades productivas del mismo modo que lo hacen las variables macroeconómicas.

La devaluación del 23 de enero de 2014 (que llevó el de 6,90 a 8 pesos) reinstaló el modelo político dominante en el mundo pero que había comenzado a disolverse con la crisis de 2006-2008.

Ese modelo político fue exacerbándose con cada presidente hasta hoy (de manera extrema).

El caudal de dinero, desde ese día, inunda la especulación rentística para sostener un modelo en el que ganan los banqueros sobre los trabajadores (capital y trabajo).

El niño, aquel ministro de economía de esa devaluación, más otros niños (el niño Mauricio, el niño Toto, el niño Alberto con la niña Cristina junto al niño Martín Guzmán, más el niño Milei más su mimado niño Toto -otra vez) regulan el flujo de dinero como lo hace el Niño con el flujo de agua.

Así como el agua no distingue zonas pobladas y zonas productivas de zonas propicias para cauces con agua cuando el mando lo tiene el Niño, tampoco los niños distinguen las capacidades productivas desde el indicador de inflación.

Por eso la sociedad civil, no solo los empresarios, estaban de acuerdo en que pagaban poco la energía y votaron subir el precio de la energía. Curiosamente, para bajar la inflación.

Y consiguieron bajar la inflación: a través de un cuento chino. Trasladándola como inflación en dólares (como la economía Argentina es bimonetaria y algo poco común y no estudiada en el mundo, da lugar para decir cualquier cosa).

Por eso la sociedad civil y sus actores políticos no tienen idea de qué hacer o aportar para resolver la crisis económica y la crisis por inundaciones.

Es extraño que traten de ponerse de acuerdo para “conseguir dinero” para realizar obras: el ciclo económico de Argentina (contradictorio al nacionalismo vigente que crece en el mundo) es como el agua para las inundaciones. Ahoga a los que trabajan y producen porque está dirigido a la especulación financiera.

Es decir, pretender conseguir dinero del Estado Nacional (partidas destinadas, para colmo) es lo mismo que pretender que las inundaciones se solucionen por evaporación del agua. Porque el dinero fluye para sostener a flote al gobierno: si lo distribuyera, desaparecería como gobierno nacional.

Es decir, el desconcierto sería la contrapartida a la baja de la inflación pregonada por el gobierno, los medios de comunicación, los políticos, y los educadores e intelectuales del país.

El único paso alentador tiene que ver con haber subido al mismo barco para resolver las inundaciones, a los productores y fuerzas políticas opositoras entre sí.

Resta que suban a todos los comerciantes, pymes y empresarios que perdieron su patrimonio, junto a los que por ello quedaron desempleados. Más los que ya no están porque acortaron sus vidas al sentirse acorralados ante tantos problemas.

Es decir, nos falta unir fuerzas para comenzar a resolver los problemas que estamos padeciendo como sociedad civil, antes de que no haya más “oxígeno” para respirar: como fue posible en 1989 (con el padre de la democracia -que solo la destruyó) y en 2001.

O poniendo en común los alimentos y energía que restan arremangándonos todos a la vez para reconducir flujos y evitar lo que ineludablemente siguen conduciendo el Niño y los niños (antenombrados).

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