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18 de octubre 1977: el día en que las llamas se llevaron al Teatro Argentino de La Plata

Un incendio durante un ensayo destruyó el histórico coliseo platense. Gustavo Tinetti fue uno de los primeros periodistas en llegar al lugar: desde la Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno había visto elevarse el humo y creyó, inicialmente, que se incendiaba la Legislatura

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Aquel martes 18 de octubre de 1977, poco después de las 14, una columna de humo comenzó a elevarse sobre el centro de La Plata.

Desde la Casa de Gobierno bonaerense, ubicada frente al histórico edificio de la Legislatura, los periodistas observaron sorprendidos aquella humareda que crecía detrás del Palacio Legislativo.

En la Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno, ubicada en el primer piso, estaba Gustavo Tinetti.

La primera impresión fue inevitable: se estaba incendiando la Legislatura.

Pero no.

El fuego había comenzado en el Teatro Argentino, el gran coliseo lírico de la ciudad, ubicado en la manzana delimitada por las calles 9 y 10 y las avenidas 51 y 53.

Tinetti fue uno de los primeros periodistas en advertir lo que estaba ocurriendo y se dirigió hacia el lugar. Desde allí comenzó a quedar registrado en su memoria uno de los incendios más dramáticos de la historia cultural bonaerense.

El fuego comenzó durante un ensayo

Eran aproximadamente las 14:30 cuando el Ballet Estable se preparaba para ensayar en la sala principal.

De acuerdo con la explicación oficial y los registros históricos del propio Teatro Argentino, una falla en el sistema de iluminación provocó chispazos que alcanzaron un telón de voile. En cuestión de minutos, el fuego pasó del escenario a otros sectores del edificio.

La velocidad de propagación fue extraordinaria.

Las llamas tomaron el escenario, la sala, los talleres y los sectores ubicados debajo de la platea. El humo invadió rápidamente el edificio y obligó a evacuar a trabajadores, artistas y técnicos.

El Teatro Argentino, inaugurado en 1890, había sido durante décadas uno de los grandes escenarios líricos del país. Por allí habían pasado figuras de la ópera, el ballet y la música internacional, y funcionaban allí sus cuerpos artísticos estables: orquesta, coro y ballet.

Ahora, en pocas horas, todo comenzaba a desaparecer.

“Entré y no podía respirar”

Cuando Tinetti llegó al teatro, el incendio ya había adquirido dimensiones extraordinarias.

El periodista recuerda haber ingresado mientras todavía trabajaban los equipos de emergencia. El humo hacía prácticamente imposible respirar.

En medio del escenario, entre las llamas y los gritos, pudo observar directamente la magnitud de la tragedia.

Los bomberos combatían el fuego desde distintos puntos del edificio. Las llamas aparecían por ventanas y sectores de la cubierta mientras una multitud se concentraba en las inmediaciones.

El techo finalmente cedió.

La imagen del histórico teatro envuelto en fuego quedó grabada para siempre en la memoria de quienes presenciaron aquella tarde.

No fue solamente un edificio

El incendio no destruyó únicamente una sala.

Con el Teatro Argentino se perdió una parte sustancial del patrimonio cultural que había acumulado durante casi nueve décadas.

Fueron destruidos sectores escénicos, talleres, depósitos, instrumentos, vestuarios, elementos de utilería y documentación. También se perdieron miles de partituras y parte del instrumental de la Orquesta Estable.

La sala renacentista, con su característica disposición en herradura, quedó devastada.

Sin embargo, el edificio no había desaparecido completamente.

El foyer, las paredes perimetrales y parte de la estructura exterior habían resistido el fuego. La posibilidad de reconstruir el histórico teatro todavía existía.

Y allí comenzó otra historia.

La dictadura decidió demolerlo

Argentina atravesaba entonces la última dictadura militar.

Lejos de reconstruir el edificio histórico, las autoridades de facto decidieron avanzar con su demolición y proyectar en el mismo lugar un nuevo complejo cultural.

La decisión provocó resistencia entre trabajadores del Teatro, especialistas, instituciones culturales y sectores de la sociedad que defendían la recuperación del antiguo edificio.

Con el paso del tiempo, las sospechas sobre el incendio también alimentaron una historia paralela. La explicación oficial apuntó a una falla eléctrica en el escenario; sin embargo, desde aquellos primeros momentos circularon versiones que hablaban de un incendio intencional. Esa sospecha nunca dejó de formar parte de la memoria del desastre.

De las cenizas a un nuevo teatro

El proyecto para reemplazar al histórico edificio avanzó durante los años siguientes.

El concurso para el nuevo complejo fue ganado por un equipo integrado por Tomás García, Enrique Bares, Roberto Germani, Inés Rubio, Alberto Sbarra y Carlos Ucar. Las obras comenzaron en 1980, aunque el proyecto atravesó innumerables demoras, interrupciones y cambios.

Mientras tanto, el Teatro Argentino continuó funcionando sin edificio propio.

Sus artistas, músicos, bailarines, técnicos y trabajadores debieron trasladarse a distintos escenarios de La Plata. Desde 1987, el antiguo Cine Rocha se convirtió en una de sus principales sedes provisorias. Incluso el centenario de la institución, en 1990, fue celebrado allí con una puesta de Otello, la misma ópera de Verdi con la que el Teatro había sido inaugurado en 1890.

22 años después

El nuevo Teatro Argentino finalmente comenzó a recuperar su lugar en la vida cultural platense.

El 12 de octubre de 1999, 22 años después del incendio, fue inaugurada la nueva sala principal, posteriormente denominada Alberto Ginastera.

El programa incluyó el ballet Tango en Gris, con coreografía de Oscar Araiz y música de Atilio Stampone, además de un concierto lírico con fragmentos de obras de Verdi, Gounod, Giordano y Donizetti.

Pero aquel nuevo edificio, de arquitectura moderna, ya no era el teatro que había ardido aquella tarde de 1977.

Una imagen que permanece

Aquel 18 de octubre, Gustavo Tinetti miró desde la Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno una columna de humo que creyó nacida en la Legislatura.

Pocos minutos después descubrió que las llamas estaban consumiendo el Teatro Argentino.

El periodista llegó al lugar y vio el fuego desde adentro.

Vio el humo.

Vio a los bomberos.

Vio caer el techo.

Y vio desaparecer, en cuestión de horas, un edificio que durante casi un siglo había sido uno de los grandes símbolos culturales de La Plata y de la Argentina.

Por eso, la historia del incendio del Teatro Argentino no termina cuando se apagaron las llamas.

Ese día comenzó también otra pérdida: la demolición posterior de lo que había sobrevivido y la desaparición definitiva del histórico edificio renacentista.

El fuego duró horas. La ausencia, en cambio, duró 22 años.

Y para quienes lo vieron arder, como Gustavo Tinetti, aquella tarde del 18 de octubre de 1977 todavía permanece intacta en la memoria.

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