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Sofía Guaragna en Escuela para padres: “El adulto debe ser guía, no quien da órdenes todo el tiempo”

En el segmento “Escuela para Padres” de “Despertate”, por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, la psicóloga abordó los principales aportes del método pedagógico Montessori y planteó cómo sus principios pueden trasladarse de la escuela al hogar y a los espacios cotidianos de los niños

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En una nueva edición del segmento “Escuela para Padres”, de los días martes de la hora 9, dentro de “Despertate” por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, Sofía Guaragna propuso reflexionar sobre una metodología pedagógica que, más de un siglo después de su creación, continúa generando interés: el método Montessori.

La propuesta permitió recordar a la médica y docente italiana, al recorrer algunos de sus principios centrales y, especialmente, pensar de qué manera pueden aplicarse no solamente en las instituciones educativas, sino también en la vida cotidiana de las familias.

La conversación puso el foco en una idea fundamental: acompañar a los niños para que desarrollen progresivamente autonomía, confianza y capacidad de tomar decisiones, respetando sus tiempos y posibilidades.

Un método que pone al niño en el centro

La metodología Montessori fue explicada por Sofía Guaragna expresando que la psicopedagoga comenzó su trabajo con niños en contextos de vulnerabilidad y con dificultades de aprendizaje y comportamiento.

Uno de los conceptos destacados durante el segmento fue el de la “mente absorbente”, especialmente durante los primeros años de vida. En esta etapa, los niños incorporan rápidamente aquello que observan, escuchan y experimentan en su entorno.

Por eso, el ambiente en el que crecen adquiere una importancia decisiva.

Desde esta mirada, no se trata simplemente de llenar los espacios de juguetes o estímulos, sino de preparar ambientes que permitan explorar, aprender y participar.

La importancia de un ambiente preparado

Uno de los pilares de la propuesta Montessori es el denominado “ambiente preparado”.

Esto significa generar espacios accesibles para los niños, donde puedan realizar determinadas actividades de manera independiente y segura.

Un ejemplo cotidiano es adaptar determinados elementos del hogar para que los chicos puedan utilizarlos. Un pequeño banco que les permita alcanzar el lavabo, objetos que puedan manipular, materiales de dibujo al alcance de sus manos o espacios donde puedan guardar sus juguetes son algunas posibilidades.

La idea no requiere necesariamente realizar grandes inversiones.

Durante la charla se destacó que muchas veces los propios elementos disponibles en una casa pueden adaptarse para favorecer la participación infantil.

Así, un niño puede colaborar en el cuidado de una planta utilizando un recipiente pequeño, ayudar a ordenar su ropa o participar de algunas tareas domésticas sencillas.

Otro de los conceptos abordados por la psicóloga Guaragna fue el papel que desempeña el adulto.

Desde la perspectiva Montessori, el adulto debe asumir principalmente un rol de guía y observador, evitando intervenir inmediatamente ante cada dificultad.

Esto implica permitir que el niño intente, se equivoque, busque soluciones y descubra sus propias capacidades.

La intervención del adulto aparece cuando es necesaria o cuando el niño solicita ayuda.

La propuesta invita, de este modo, a revisar una práctica muy habitual en la crianza: dar instrucciones permanentemente.

“Ordená tus juguetes”, “hacé esto”, “vení”, “poné aquello” pueden convertirse en una sucesión de órdenes que dejan poco espacio para que el niño pueda desarrollar iniciativa propia.

En cambio, acompañar significa también ofrecer posibilidades y permitir que el niño participe en las decisiones dentro de los límites adecuados para su edad.

Libertad, pero también responsabilidad

La libertad dentro del método Montessori no significa ausencia de límites.

Se trata de ofrecer posibilidades de elección dentro de un ambiente preparado, donde el niño pueda decidir qué actividad realizar, explorar sus intereses y avanzar de acuerdo con su propio ritmo.

En ese proceso, la autonomía aparece vinculada con la responsabilidad.

Aprender a guardar los juguetes, colaborar en el orden de la casa, participar en la preparación de una comida sencilla, doblar ropa o cuidar una planta son pequeñas experiencias que permiten al niño sentirse parte de la vida familiar.

El objetivo no es que realice las tareas de un adulto, sino que pueda hacer por sí mismo aquello que está en condiciones de realizar según su edad y desarrollo.

Aprender haciendo

La incorporación de las denominadas actividades de vida práctica constituye otro de los aspectos destacados.

Las tareas cotidianas pueden transformarse en oportunidades de aprendizaje. Preparar la mesa, ordenar, limpiar aquello que se ensució, guardar objetos o colaborar con alguna actividad familiar permiten desarrollar habilidades mientras se fortalece el sentido de pertenencia.

La propuesta también plantea que los errores pueden convertirse en instancias de aprendizaje.

Si un niño derrama algo, por ejemplo, la situación puede ser aprovechada para enseñarle a limpiarlo, en lugar de convertir automáticamente el episodio en un castigo.

De esta manera, se busca desarrollar un sentido de responsabilidad y cuidado por el entorno, entendiendo que las acciones tienen consecuencias y que también es posible reparar aquello que se hizo.

Sin premios ni castigos como motor principal

Uno de los aspectos más disruptivos de la propuesta Montessori es su cuestionamiento al uso permanente de premios, castigos y calificaciones como mecanismos de motivación.

Durante el programa se planteó la importancia de fortalecer la denominada motivación interna: que el niño realice una actividad porque encuentra satisfacción en aprender, descubrir, resolver o completar una tarea.

La idea apunta a que el reconocimiento externo no sea el único motivo para actuar.

En este sentido, el desafío para los adultos consiste en ayudar a construir una confianza que no dependa exclusivamente de la aprobación de los demás.

La importancia de respetar los tiempos de cada niño

Otro eje central fue el respeto por los ritmos individuales.

Un niño pequeño no posee las mismas habilidades, fuerza, coordinación o experiencia que un adulto. Por eso, exigirle que realice una tarea exactamente de la misma manera que una persona mayor puede generar frustración.

El acompañamiento requiere paciencia, tiempo y observación.

Permitir que un niño intente doblar una prenda, ordenar sus cosas o realizar una actividad cotidiana significa aceptar que probablemente no lo hará de manera perfecta.

El aprendizaje aparece justamente en ese proceso.

La educación también ocurre fuera de la escuela

Uno de los planteos más importantes de la charla fue que el aprendizaje no se limita al horario escolar.

El niño aprende en su casa, en la calle, en un comercio, en un restaurante y en cada espacio donde participa de una experiencia.

Por eso, la propuesta invita a pensar ciudades y espacios más amigables con la infancia: lugares donde los chicos puedan sentirse parte, asumir pequeñas responsabilidades y participar de manera activa.

Desde esta perspectiva, una pequeña mesa, un espacio de juegos, un carrito de compras adaptado o elementos al alcance de los niños pueden convertirse en herramientas que favorezcan la autonomía.

Una mirada que también interpela a los adultos

El método Montessori no propone solamente cambiar la manera en que aprenden los niños. También obliga a los adultos a revisar su propia forma de acompañarlos.

Preparar el ambiente, observar, esperar, tener paciencia y evitar resolver inmediatamente cada dificultad requiere modificar hábitos profundamente instalados.

La crianza cotidiana puede transformarse así en una oportunidad para que los niños desarrollen capacidades que luego serán fundamentales: autonomía, responsabilidad, confianza, iniciativa y sentido de pertenencia.

En definitiva, el eje de la propuesta abordada por Sofía Guaragna en “Escuela para Padres” no pasa por convertir cada hogar en una escuela Montessori, sino por recuperar algunas preguntas esenciales: ¿qué puede hacer mi hijo por sí mismo?, ¿qué puedo adaptar para que pueda hacerlo?, ¿estoy acompañando o estoy dando órdenes permanentemente?

Son interrogantes que permiten mirar la infancia desde otro lugar y comprender que muchas de las pequeñas actividades de todos los días pueden convertirse en grandes oportunidades de aprendizaje.

La propuesta de Montessori, nacida hace más de un siglo en un contexto social muy diferente al actual, continúa abriendo debates sobre educación y crianza. Y quizás uno de sus aportes más vigentes sea precisamente ese: crear condiciones para que cada niño pueda desarrollar sus capacidades, a su propio ritmo, acompañado por adultos que sepan guiarlo sin quitarle la posibilidad de descubrir por sí mismo.

Sofìa Guaragna- Escuela para Padres

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