La verdadera grieta es no pensar en un país y seguir en la lucha por el poder

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Grieta país

La política es el medio para acceder al poder y mantenerse, ejerciéndolo.

En esa lucha, en la argentina contemporánea, todo está permitido, pasando por la no transparencia de actos,  la violación de las leyes, e incluso llegando a la eliminación del contrario. Y el pueblo… acompaña como adormecido y sin darse cuenta de la real crisis en la cual se está inmerso.

Este es el verdadero cuadro que se observa cotidianamente. Nadie piensa en el país. Solo en la captación del poder, por el poderío mismo. Lo más grave es que los políticos están desde hace décadas inmersos en este círculo sin salida, y detrás, como acompañando, el resto de la sociedad, ya sea a través de las instituciones, como en lo personal, en lo acomodaticio o esperando recibir frutos de promesas de campañas, las cuales muchas veces no son concretadas, por no decir la mayoría.

Cuando nos referimos a la política lo hacemos en términos amplios, es decir, abarcando todo lo que tiene que ver con la dirección de asuntos públicos manejados desde las instancias de poder y ello significa que no está vinculada sólo a la política electoral, canalizadas en las formas de llegar a ocupar los cargos de elección popular, sino que abarca también el control y la colaboración con la gestión pública en general, que alcanza a toda la sociedad.

Desde nuestro programa de radio ‘Despertate’, cada mañana hemos puesto a muchos temas coyunturales en el diván, y con profesional de por medio, ha sido tratado. Contamos esta experiencia, porque hoy la nación debe ser puesta en el gran sofá y poner a flor de piel lo más crudo que un análisis freudiano pueda dar. De esa manera, tratamiento de por medio – proyecto de posible cumplimiento y aplicado gradualmente- se verán sus frutos, los cuales no serán inmediatos. Igual a cuando se planta un arbusto o semilla. Pasarán meses para ver sus frutos. El cuidado y riego gradual a diario entusiasma pensando en el sabor que aquella cosecha brindará. Y para ello, hay que esperar. Hay plazos que deben cumplirse.

En la argentina contemporánea no hay paciencia para plantación alguna y aguardar su cosecha. Pues la lucha por el poder convierte a todo efímero y para esa captación se vive todo momento haciendo críticas a las ideas o acciones del otro. No con símbolo superador o plasmarlo, pensando con grandeza. Solo para desgastarlo e ilusionarse en su caída. Para ello, todo camino es válido. Incluido lo antiético. El trabajo es de ocasionar la erosión del otro y  esperar su desplome, si es gobierno. Desde hace décadas se transita este camino. Es el hilo conductor profundo de la realidad que padecemos.

La argentina, en cualesquiera de los ámbitos que se transiten – por lo menos, los más- no dan muestra de gesto grandilocuente o comportamiento superador para pensar en un país distinto y acorde a sus potencialidades.

De esta crisis todos los sectores con algún nivel de decisión somos responsables ya que todos estamos inmersos en mayor o menor grado, a veces por acción, otras por omisión, en esa conducta.

La verdadera grieta es no pensar en un país y seguir en la lucha por el poder.

Una forma de acabar con esa perversión que para captar el poder, todo es válido, es perseguirla, desenmascararla, usar las herramientas que ofrece el derecho para identificar culpables de delitos vinculados a la política o de actos de corrupción en torno a ésta, y luego sancionarlos, con ello evitar la impunidad y dar ejemplo a los actores políticos, para tender a que el debate por la captación de ese poder sea más limpio y transparente, y a que el ejercicio del mismo se centre en favorecer al país y su gente, que es lo que una sociedad sana, espera. Sin embargo, las instituciones jurídicas muchas veces sucumben a las fuerzas políticas que las absorben y las ponen a funcionar a su servicio, y no al servicio de la nación y la ley, por lo que esa herramienta va perdiendo su funcionalidad absorbida por la lucha por el poder, por el poderío mismo.

Cuando se haya entendido e internalizada esta lección, se abrirá un camino de espèranza concreta de país. Esa comprensión llegará cuando los verdaderos actores de la política sea la sociedad sana pensando en un país, involucrándose con su participación, como lo hicieron, Moreno, Belgrano o San Martín, que pensaron con grandeza y no con egoísmo diario.

De lo contrario se seguirá en escaramuzas coyunturales ventajistas… y el país, mal!, por su ausencia!, y botín de la lucha por el poder, sin proyecto de posible concreción para tener una nación que en el tiempo sea GRANDE!.