Opinión
Viernes 21 octubre 2016 a las 4:34

La moral del radicalismo en juego

Para Cadena Nueve, escribe Gustavo Tinetti

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En el distrito de Nueve de Julio, el radicalismo, al igual que en el resto del país, se caracterizó por ser una fuerza política de hombres comunes de la sociedad surgidos de todos los estratos o roles social que se identificaban con un estilo de vida o ver los acontecimientos de la vida política. Esa manera de conducirse se fue enquistando a punto tal que siempre se lo vio como personas que hacían lo correcto dentro y fuera del partido. Sus dirigentes han acuñado frases que trascendieron y marcaron rumbos. Su fundador dijo que ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble! En oportunidad de un debate trascendente. Leandro N. Alem señalaba así que la vida pública debía ser guiada por principios y que el viento de las conveniencias partidarias no mueve al político íntegro que tiene idea acabada sobre las cosas.

Sobre estos mensajes la UCR llego a cumplir hace pocos meses, 125 años. Ese acontecimiento paso inadvertido. Es una fecha o número importante para cualquier celebración. Pero, para los radicales, no. Por lo menos los que arrastran y guían al resto de sus correligionarios.

Es que los conductores contemporáneos se han apartado en el distrito en los últimos 10 años de toda ética y empujaron a todos, por silencio, conveniencia o la razón que fuere, a dejar hacer.

Tras una convocatoria realizada por las autoridades del Comité provincia para fortalecer la actividad partidaria se fijó que el 23 de octubre haya elecciones internas para la conducción de los comités distritales. Se comunicaron las pautas y los plazos para quienes querían competir. En algunos casos representantes de líneas internas de militancia se pusieron de acuerdo y se arribó a lista única. En otros, como Nueve de Julio, se decidió que las urnas fuesen las encargadas de elegir a los conductores.

Así las cosas, dos sectores decidieron conformar listas. Unos abrazados a 10 años de quietud partidaria – algunos se lo atribuyen a la absorción de ser gobierno municipal- se unieron para seguir esa línea de dirección. Otros, la lista 11,  conformadas por jóvenes de espíritu y edad y que no encontraron espacios en toda esa década para debates de ideas y propuestas, alientan cambios.

Así las coas de ambos lados se pusieron a trabajar para competir en la fecha fijada cumpliendo con las pautas establecidas por autoridad superior para la puja. Todo transcurría en silencio o perfil bajo.

La gran sorpresa fue cuando quienes venían operando el partido todos estos años y mostraban poder para aplastar a quien se le presente enfrente, no cumplieron con esos requisitos para la competencia. Además de no tener candidatos genuinos surgidos del padrón de afiliados tampoco conformaron la cantidad de avales para ello. Visto desde afuera de lo partidario, la lectura es, impunidad o quieren hacer creer que tienen de lo que carecen. Parece un juego de adolescentes compitiendo en recreos, diciendo que… el libre albedrio completará la fantasía.

Por el contrario, los representantes del cambio cumplieron holgadamente las exigencias de la reglamentación para la contienda. Lo hicieron mas como queja de lo que reclamaban que en convicción del triunfo, ‘asustados’ de tanta ‘chapa ganadora’ de sus rivales circunstanciales. La posibilitad de participar haciendo bien los deberes, ya es un triunfo, dijo una postulante.

Este cuadro de situación partidaria transcendió al comité distrital. Y es bueno que ello haya pasado ya que la política es financiada por el resto de la sociedad, toda vez que la solventa el estado, y desde esos grupos salen los candidatos que luego gobernaran. Esas nominaciones surgen de vicios internos o de cuadros transparentes. Conforme los resultados, se puede estar convalidando, luego en listas abiertas para que se exprese la totalidad de la sociedad, comportamientos apartados de toda ética. Si se guardaba silencio, pasaba. Ahora es la responsabilidad de todos, los que van al cuarto oscuro en lo partidario y de aquellos que irán, oportunamente, pero con conocimiento de causa, cada dos años para legitimar a hombres de las más variadas expresiones políticas.

Es decir, se podrá observar a quienes conllevan a ese conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad, llamado moral, en su esplendor, o en ausencia.

Recientemente una carta de las máximas autoridades del comité distrital señala su rechazo a la lista 10 para las internas, por haberse apartado de la Carta Orgánica Partidaria, para su convalidación.

Este cuadro de situación es la antesala para que los radicales no tengan que votar el domingo 23 por la lista 10 o la lista 11. Su sufragio debe ser la expresión de la moral del radicalismo, que es lo que está en juego. Convalidar vicios insalvables que luego, gravitaran en el resto de la comunidad, o abrir las puertas de la esperanza de un cambio trascendente. Los radicales saben del juego de la democracia. Este domingo tienen oportunidad de practicarlo. Las urnas los convoca. Votan por la reconstrucción desde 125 años de historia o por la vigencia de 10 años de histeria. Solo los afiliados a la UCR, lo saben.


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